23h Gontzal De Twitter y la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información – Contratación vía Twitter (Parte II)

Un posición jurídicamente interesante, pero que tiende a favorecer -proteger- al comprador. Una cierta desconfianza sistémica y a las empresas. Quizá excesiva

Este post ha sido escrito por Ruth Benito en su blog, Con la venia, señorías

Este post es continuación del que publiqué hace… glups… cinco meses (¡¡¡CINCO!!! O-ó… hay que ver cómo pasa el tiempo) dentro de la serie “De Twitter y la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información”. En aquella ocasión hablaba sobre la contratación vía Twitter entre particulares, y ahora le toca el turno al comercio electrónico (empresa – consumidor) vía Twitter.

A medida que escribía me di cuenta de que hablar sobre e-commerce a través de la red de microblogging da para mucho debate, así que me centraré simplemente en averiguar si es posible el comercio electrónico vía Twitter cumpliendo con todos los requisitos que la legislación exige. Para ello me he hecho zapatera. He montado una tienda de zapatos, vaya: TaconPunta, S.L., bueno más bien sólo su cuenta @TaconPunta (me salía…

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Gobernar a pierna tendida

Decía a una gran amiga que en estos días hemos perdido el control de aspectos fundamentales de nuestra vida. Esencialmente en elementos que hasta no hace demasiado tiempo teníamos asegurados. El trabajo es un lujo tenerlo y una obligación mantenerlo; los ingresos bajan, los precios suben, etc.

Curiosamente los que mandan siguen haciéndolo, de manera que si es necesario recortar en prestaciones, se hace, pero si llegara el caso, procedería también salvar la Banca. Parece que todo tiene justificación.

Todos quieren mandar, unos y otros, aunque tiene que ser difícil mandar, ahora. Cervantes, por boca de Sancho Panza, lo veía de otra manera:

—Trabaje vuestra merced, señor don Quijote, en darme ese condado tan prometido de vuestra merced como de mí esperado, que yo le prometo que no me falte a mí habilidad para gobernarle; y cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan, sin curarse de otra cosa: y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me desistiré de todo [36] y me gozaré mi renta como un duque, y allá se lo hayan.
—Eso, hermano Sancho —dijo el canónigo—, entiéndese en cuanto al gozar la renta; empero, al administrar justicia ha de atender el señor del estado, y aquí entra la habilidad y buen juicio, y principalmente la buena intención de acertar: que si esta falta en los principios, siempre irán errados los medios y los fines, y así suele Dios ayudar al buen deseo del simple como desfavorecer al malo del discreto.
—No sé esas filosofías —respondió Sancho Panza—, mas solo sé que tan presto tuviese yo el condado como sabría regirle, que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo como el que más, y tan rey sería yo de mi estado como cada uno del suyo: y siéndolo, haría lo que quisiese; y haciendo lo que quisiese, haría mi gusto; y haciendo mi gusto, estaría contento; y en estando uno contento, no tiene más que desear; y no teniendo más que desear, acabóse, y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro.

No tan distinto a hoy día, no?

Que hablen de mi, ¿aunque sea mal?

En una animada conversación entre amigos, uno de ellos atribuía a B. Gates la cita que da título a este post. Según pensaba, me venía a la mente una idea, dónde más había escuchado eso.
El adagio me sonaba latino, quizá un apócrifo del emperador Tiberio o quizá de Calígula.

Pero después recordé que una de las más completas exposiciones sobre este asunto la hizo Cervantes, en el Quijote, quizá varios siglos antes, como podéis comprobar:

Pues a fe de bueno que no he dicho yo mal de ningún encantador, ni tengo tantos bienes que pueda ser envidiado; bien es verdad que soy algo malicioso y que tengo mis ciertos asomos de bellaco, pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mía, siempre natural y nunca artificiosa; y cuando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos. Pero digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo que digan de mí todo lo que quisieren.
—Eso me parece, Sancho —dijo don Quijote—, a lo que sucedió a un famoso poeta destos tiempos, el cual, habiendo hecho una maliciosa sátira contra todas las damas cortesanas, no puso ni nombró en ella a una dama que se podía dudar si lo era o no; la cual, viendo que no estaba en la lista de las demás, se quejó al poeta diciéndole que qué había visto en ella para no ponerla en el número de las otras, y que alargase la sátira y la pusiese en el ensanche: si no, que mirase para lo que había nacido. Hízolo así el poeta, y púsola cual no digan dueñas, y ella quedó satisfecha, por verse con fama, aunque infame.

Disiento de B. Gates, mejor que no hablen, ¿no?

Facebook, agresiones y tribunales… 2.0

2.0 no es una ciudad sin ley, o quizá sí… De lo que no cabe duda es que de lo que ocurre en el 1.0 a raíz de las las conductas en las redes sí va a tener relevancia jurídica. Nos guste o no.

Facebook, es actualmente la gran red social. Por lo mismo, la personas interactúan de forma intensa, sentida, y, como en cualquier otra reunión de personas, existen reglas no escritas de comportamiento. Rómpelas, y que podrás terminar en los tribunales.

En Carlsbad, Nuevo México, Benito Apolinar se enfrenta a juicio por agredir a su esposa porque ella decidió -o se olvidó, o no le pareció oportuno- hacer clic en “me gusta” en su última actualización de estado en Facebook. Apolinar, de 36 años, había publicado un comentario sobre el aniversario del fallecimiento de su madre. Más tarde se dio cuenta de que su esposa, Dolores, no fue una de las personas que habían hecho clic en “me gusta” al lado de su comentario, lo que hubiera demostrado su aprobación -o algo semejante. No lo aceptó debidamente.

A diferencia de la naturaleza difusa, por regla general, de las realaciones surgidas en las redes sociales como Twitter, la cercanía y la sensación de amistad amistad real en Facebook puede aumentar las tensiones en las relaciones y en las respuestas a las conductas de los demás. Como algún tuitero dijo recientemente: “en Twitter me dan ganas de tomar unas copas con la gente que no conozco, pero en Facebook me dan ganas de tirar las las copas a la cabeza la gente que ya conozco.”

Benito no sólo vio la falta del ‘me gusta’ de Dolores, ya que también la vieron otros ‘amigos’ del mismo, que incluso lo comentaron en su muro. Aquello parece que resultó excesivo… Al visitar a Dolores, Benito le hizo saber su desagrado por la falta del ‘me gusta’ a su comentario en Facebook. Dolores Apolinar dijo a la policía horas más tardé que la agarró del pelo y le dio un puñetazo en la cara. En su defensa, Benito sostiene que Dolores se golpeó en la cara luego lo golpeó a él en la ceja con su teléfono móvil.

Otras luchas en el mundo virtual han dado lugar a acciones judiciales. Ya en 2007, Sana y Adnan Klaric de Bosnia comenzarón el proceso de divorcio después de descubrir eran ‘amantes’ involuntarios (ellos mismos) en una sala de chat.

En otro caso en 2008, Amy Pollard rompió su relación con su marido en Cornwall después de descubrir que Dave Barmy, su avatar en Second Life, estaba teniendo una relación con Modesty McDonnell, otro avatar.
David Pollard, dijo que la conducta de su avatar con barba, fuerte, un tipo duro, era ‘la adecuada’, además que nada tenía que ver con la realidad. Son cosas, dijo, que sólo se hacen para “pasar el rato”.

Por desgracia, la opinión del Sr. Pollard no prevaleció. El abogado de su esposa contrató para su divorcio tenía ambos pies firmemente plantados en el 1.0.

En fin…