Gobernar a pierna tendida

Decía a una gran amiga que en estos días hemos perdido el control de aspectos fundamentales de nuestra vida. Esencialmente en elementos que hasta no hace demasiado tiempo teníamos asegurados. El trabajo es un lujo tenerlo y una obligación mantenerlo; los ingresos bajan, los precios suben, etc.

Curiosamente los que mandan siguen haciéndolo, de manera que si es necesario recortar en prestaciones, se hace, pero si llegara el caso, procedería también salvar la Banca. Parece que todo tiene justificación.

Todos quieren mandar, unos y otros, aunque tiene que ser difícil mandar, ahora. Cervantes, por boca de Sancho Panza, lo veía de otra manera:

—Trabaje vuestra merced, señor don Quijote, en darme ese condado tan prometido de vuestra merced como de mí esperado, que yo le prometo que no me falte a mí habilidad para gobernarle; y cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan, sin curarse de otra cosa: y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me desistiré de todo [36] y me gozaré mi renta como un duque, y allá se lo hayan.
—Eso, hermano Sancho —dijo el canónigo—, entiéndese en cuanto al gozar la renta; empero, al administrar justicia ha de atender el señor del estado, y aquí entra la habilidad y buen juicio, y principalmente la buena intención de acertar: que si esta falta en los principios, siempre irán errados los medios y los fines, y así suele Dios ayudar al buen deseo del simple como desfavorecer al malo del discreto.
—No sé esas filosofías —respondió Sancho Panza—, mas solo sé que tan presto tuviese yo el condado como sabría regirle, que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo como el que más, y tan rey sería yo de mi estado como cada uno del suyo: y siéndolo, haría lo que quisiese; y haciendo lo que quisiese, haría mi gusto; y haciendo mi gusto, estaría contento; y en estando uno contento, no tiene más que desear; y no teniendo más que desear, acabóse, y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro.

No tan distinto a hoy día, no?

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